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El concepto de emoción viene del latín «emotĭo», que significa «movimiento o impulso». Las emociones son reacciones ante un estímulo de carácter puntual y temporal.

Es decir, las emociones tienen un estímulo, ya sea interno o externo, que las genera por lo que se consideran las respuestas fisiológicas e inmediatas ante una situación determinada. Estas reacciones vienen dadas por la interpretación que hacemos de la situación, que suele ser tan rápida, que no acabamos de ser conscientes de la misma. La máxima expresión de las emociones se presenta a nivel corporal notando como el cuerpo se enfría o se calienta, se tensa, etc.

Las emociones son un conjunto de respuestas hormonales que nos disponen a la acción. Estas influyen tanto en los procesos cognitivos del ser como en la salud física y mental. Un ejemplo sería la alegría, que favorece la creación de neurotransmisores como la serotonina que benefica el organismo, reforzándolo.

¿Tomas decisiones únicamente basadas en la razón o por el contrario también te impulsan las emociones? La energía de la elección es emocional, este es el desafío de la inteligencia artificial.

Somos seres emocionales tanto como seres racionales. Cuando nacemos somos totalmente emocionales, y vamos adquiriendo habilidades para afrontar la vida de forma racional. Las emociones siguen en nuestra vida, pero la sociedad no nos ha enseñado a reconocerlas, llegando incluso a reprimir nuestras emociones. Nos han educado prácticamente para ser emocionalmente ignorantes, cuando somos por naturaleza seres emocionales.

Una gestión emocional inadecuada puede producir fallos en la comunicación y en las relaciones interpersonales, excesos en la conducta alimentaria, consumo excesivo de ciertos fármacos e incluso drogas y alcohol.

La inteligencia emocional se basa en estas habilidades: ser consciente las emociones, aceptarlas, describirlas con palabras, entender qué nos quiere decir dicha emoción, regular los sentimientos que nos generan y hacer una interpretación útil para que nos sea saludable.

Detrás de una emoción, sea cual sea, siempre hay una necesidad que el individuo necesita cubrir. Para determinar qué necesidad hay tras una determinada emoción se requiere llevar a cabo un proceso emocional básico.

Muchas veces nos sentimos incómodos con nuestras emociones, y en muchos casos tenemos miedo de ellas. Normalmente tendemos a esconder aquellas emociones que no nos hacen sentir bien, pero para estar realmente bien hay que enfrentarlas y entenderlas, porque si no al final son las emociones quienes nos dominan a nosotros, a pesar de querer esconderlas. Por ejemplo podemos estar con una apariencia calmada por fuera pero en cambio no estar calmados por dentro, porque las emociones»escondidas» nos están controlando nuestro interior.

Lo primero que debemos hacer es tomar consciencia de nuestras emociones y aceptarlas, incluso si éstas nos generan un sentimiento que no es agradable.  A veces malinterpretamos la palabra aceptar, aceptar no quiere decir estar de acuerdo, si no reconocer que es como es. Debemos conocerla, saber que está ahí para cubrir una necesidad, debemos mirarla y reconocerla como importante por lo que nos quiere decir.

Debemos hacernos amigas de nuestras emociones, todas tienen algo que decirnos, debemos conseguir un cambio de observador, en lugar de ver la emoción como un ente negativo y desagradable, la debemos ver como una aliada. Cuando escuchamos las emociones podemos preguntarnos cómo queremos tomar dicha información, y de ésta manera podemos responder a dichas emociones y hacer una interpretación útil de cómo queremos comportamos. Sólo de esta manera será posible aceptarla y dejarla marchar sin problemas.

Debemos entender que no hay emociones buenas o malas, tanto si nos producen sentimientos agradables como desagradables, todas las emociones son buenas porque tienen algo que decirnos. Es lo que queramos hacer con dicha emoción lo que nos puede resultar positivo o negativo, útil o nada útil.

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