¿Cómo estás?

Si te pregunto ¿Cómo estás?, ¿qué me contestarías?

Probablemente tu respuesta sea bien, bueno, tirando, más o menos, etc. Puedes hacer la prueba si quieres en familia o con tus amigos, verás qué poco lenguaje emocional tenemos.

La mayor parte de nosotros hemos sido educados para ser prácticamente unos ignorantes emocionales.

El otro día estaba cenando con mi pareja y mis hijos en una terracita. Como algunas veces solemos hacer cuando nos sentamos a cenar, nos preguntamos: ¿cómo estás? Nuestra respuestas deben ir más allá del típico bien, etc. debiendo buscar la emoción que sentimos. Mi hija contestó «tranquila», mi otra hija contestó «satisfecha», mi pareja contestó «alegre», y yo no sabía qué contestar.

Me salía la palabra «tranquila», pero me miraba en el interior y sabía que no era tranquila la emoción que yo sentía; luego me venía la palabra «tristeza» y entendía que tampoco era la emoción que sentía, seguí mirando en mi interior hasta que me di cuenta que mi emoción era: nostalgia.

Entender la emoción que estaba sintiendo, «nostalgia», me hizo aceptar mi sensación de entre tranquilidad y tristeza. Sentí entonces una paz interior al entender que esa emoción era debido a que estábamos cenando delante del piso donde yo vivía antes de mudarme con mi pareja.

Fue como un encuentro conmigo misma, fue como entenderme, aceptarme y saber que la emoción me estaba diciendo que me sentía orgullosa de mi época vivida sola en ese piso.

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