¿Qué ocurre cuando amamos demasiado?

¿Qué sientes al leer este título?

Si sientes curiosidad e incluso puede que llegues a sentir cierto dolor o tristeza, te entiendo. Así me sentí hace unos cuantos años cuando llegó a mí el libro de Robin Norwood: «Las Mujeres que aman demasiado». Habla de mujeres, pero no creo que sea cuestión de género, ni tampoco de edad, simplemente ocurre, sufrimos cuando amamos demasiado. 

Cuando estar enamorado/a significa sufrir, es que estamos amando demasiado. Cuando esta persona ocupa en tus pensamientos la mayor parte del tiempo, es que estamos amando demasiado. Cuando nuestro objetivo es que él o ella quiera estar con nosotros/as, es que estamos amando demasiado. Cuando sentimos que él o ella controla nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta, es que estamos amando demasiado. Cuando comprendemos que esta conducta tiene una influencia negativa para nuestra salud y bienestar, pero nos cuesta librarnos de ella, es que estamos amando demasiado. 

Si te has sentido identificado/a hasta aquí, quiero ayudarte o inspirarte con mi propia experiencia vivida.  Resumo drásticamente la solución: aprender a quererte a ti mismo/a. 

Sé que es doloroso oir esta afirmación drástica, de hecho, me leo y me entran ganas de llorar por los recuerdos vividos. Porque ¿sabes qué?  Yo pensaba que me quería a mí misma lo suficiente hasta que supe lo que era quererse realmente a uno mismo/a. 

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¿Haces preguntas para tus hij@s o para tí?

¿Te has parado a pensar cómo le haces las preguntas a tu hij@ adolescente? Esta fue mi reflexión cuando me adentré en el mundo del coaching. El coaching es una herramienta que permite la reflexión y la toma de decisiones desde nuestro ser. Utiliza una metodología basada en preguntas poderosas, preguntas realizadas con una estructura determinada que nos lleva al análisis y la búsqueda de respuesta en nuestro interior.

El coaching me enseñó a saber preguntar, a saber por qué hacía las preguntas, pero sobretodo, para quién hacía las preguntas. Y es por ello que me di cuenta que cuando preguntaba a mi hija Ariadna de 14 años (en la foto conmigo :)) lo hacía para mí, preguntaba para saber yo y poder ayudar a mi hija a saber lo que está bien o lo que está mal para su vida. Hasta que el coaching me enseñó que la mejor ayuda que puedo dar a mi hija es que ella misma por sí sola, con su reflexión y respuesta en su interior, se de cuenta de lo que merece en la vida y los riesgos o beneficios que puede tener según qué decisiones tome.

«Prepárate para hacer preguntas para tus hij@s y descubrirás el empoderamiento en su desarrollo personal»

Así es que cambié mi manera de hacerle preguntas y de comunicarme con ella, dejé de un lado mi mapa mental y me dediqué a hacerle preguntas para ella, para que ella sepa llegar a tomar sus propias decisiones sabiendo los riesgos o beneficios que le pueden conllevar, siendo sus propios consejos para ella los que más fuerza tengan.

Es sorprendente el poder que les damos a nuestros hijos cuando preguntamos para ellos. Es sorprendente el impacto que generamos en ellos cuando ellos mismos son los que se aconsejan o se dan sus propias respuestas, cuando sale de su interior. A veces con determinadas preguntas que le lleven a la reflexión quizás no nos contesten, pero la semilla estará plantada, la reflexión habrá comenzado, y esa reflexión será para ellos no para nosotros.

En la edad adolescente es bastante habitual que nuestros hijos no consideren o interioricen nuestros consejos; consejos que habitualmente van en una dirección contraria a lo que ellos necesitan… ellos necesitan volar y nosotros necesitamos protegerles… y difícilmente así conseguimos conectar con ellos o ayudarles.

Piensa en esto que estás leyendo y prepárate para empezar a hacer preguntas para ellos y no para ti.

Algunos ejemplos:

(i) Tu hija está empezando a salir con un chico que crees que puede hacerle daño o llevarla por mal camino. ¿Qué harías?

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La importancia del cerebro emocional en nuestr@s hij@s

 

El cerebro de tu hijo/a desde bebé cuenta ya con prácticamente la totalidad de las neuronas que tendrá cuando sea mayor. La principal diferencia entre el cerebro de tus hijos y el tuyo es que el tuyo ya ha desarrollado trillones de conexiones (sinapsis) entre las neuronas gracias al aprendizaje de su experiencia en la vida.

En el cerebro de tu hijo o hija el cerebro reptiliano y emocional (situados en la zona inferior del cerebro) son los que llevan la voz cantante, mientras que en el tuyo también  interviene el cerebro racional, situado en la zona superior del cerebro,  zona del cerebro que tarda más en madurar.

El cerebro está formado por cuatro partes, diferenciando entre la zona superior y la zona inferior.  La zona superior es un cerebro más evolucionado y nos proporciona una perspectiva más amplia de las vida. En esta zona se desarrollan los pensamientos, la imaginación y la planificación. El cerebro de la zona inferior se ocupa de funciones básicas (como la respiración y el parpadeo), de reacciones innatas e impulsos (como la lucha o la huida), y de las emociones básicas (como el miedo y la ira).  Es la zona del cerebro más primitiva, que no tiene en cuenta los sentimientos ajenos.

«Debido al desarrollo madurativo del cerebro, en la conducta de nuestros hij@s tiene mucha presencia su cerebro reptiliano y su cerebro emocional, es decir, la zona inferior del cerebro, la más primitiva, la que no tiene en cuenta los sentimientos ajenos.»

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Ikigai, una simple palabra… y qué gran significado puede dar a tu vida

Recuerdo aquel día hace años en la estación de tren, en uno de esos viajes que mi trabajo me llevaba a hacer. Solía entrar en los quioscos de la estación para observar los libros, y muchas veces acababa comprando uno.

Un día entré en una tienda de cosas y ropa pensadas para gente viajera. Observé que había una sección de libros y me fui directamente para allí. Me llamó especialmente la atención el título: “ikigai, los secretos de japón para una vida larga y feliz”.

Ikigai, esa palabra que desconocía, para empezar, me sonaba bonita e intrigante. Así que decidí comprar el libro.

Está basado en encontrar las razones por las cuáles la isla de Okinawa, en Japón, tiene de las mayores longevidad y felicidad del mundo. Además de la alimentación, la vida sencilla al aire libre, etc. una de las claves parece ser el ikigai que rige su vida.

Según los japoneses todas las personas tenemos nuestro ikigai, lo que algunos filósofos traducen como nuestra «razón de ser», o «propósito de vida». El ikigai está en nuestro interior y la exploración requiere de un trabajo profundo y paciente para encontrarlo.

El ikigai se representa como una mandala de cuatro círculos como puedes ver en la figura a continuación:

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¿En qué consisten las emociones?

El concepto de emoción viene del latín «emotĭo», que significa «movimiento o impulso». Las emociones son reacciones ante un estímulo de carácter puntual y temporal.

Es decir, las emociones tienen un estímulo, ya sea interno o externo, que las genera por lo que se consideran las respuestas fisiológicas e inmediatas ante una situación determinada. Estas reacciones vienen dadas por la interpretación que hacemos de la situación, que suele ser tan rápida, que no acabamos de ser conscientes de la misma. La máxima expresión de las emociones se presenta a nivel corporal notando como el cuerpo se enfría o se calienta, se tensa, etc.

Las emociones son un conjunto de respuestas hormonales que nos disponen a la acción. Estas influyen tanto en los procesos cognitivos del ser como en la salud física y mental. Un ejemplo sería la alegría, que favorece la creación de neurotransmisores como la serotonina que benefica el organismo, reforzándolo.

¿Tomas decisiones únicamente basadas en la razón o por el contrario también te impulsan las emociones? La energía de la elección es emocional, este es el desafío de la inteligencia artificial.

Somos seres emocionales tanto como seres racionales. Cuando nacemos somos totalmente emocionales, y vamos adquiriendo habilidades para afrontar la vida de forma racional. Las emociones siguen en nuestra vida, pero la sociedad no nos ha enseñado a reconocerlas, llegando incluso a reprimir nuestras emociones. Nos han educado prácticamente para ser emocionalmente ignorantes, cuando somos por naturaleza seres emocionales.

Una gestión emocional inadecuada puede producir fallos en la comunicación y en las relaciones interpersonales, excesos en la conducta alimentaria, consumo excesivo de ciertos fármacos e incluso drogas y alcohol. Continuar leyendo «¿En qué consisten las emociones?»