Ikigai, una simple palabra… y qué gran significado puede dar a tu vida

Recuerdo aquel día hace años en la estación de tren, en uno de esos viajes que mi trabajo me llevaba a hacer. Solía entrar en los quioscos de la estación para observar los libros, y muchas veces acababa comprando uno.

Un día entré en una tienda de cosas y ropa pensadas para gente viajera. Observé que había una sección de libros y me fui directamente para allí. Me llamó especialmente la atención el título: “ikigai, los secretos de japón para una vida larga y feliz”.

Ikigai, esa palabra que desconocía, para empezar, me sonaba bonita e intrigante. Así que decidí comprar el libro.

Está basado en encontrar las razones por las cuáles la isla de Okinawa, en Japón, tiene de las mayores longevidad y felicidad del mundo. Además de la alimentación, la vida sencilla al aire libre, etc. una de las claves parece ser el ikigai que rige su vida.

Según los japoneses todas las personas tenemos nuestro ikigai, lo que algunos filósofos traducen como nuestra “razón de ser”, o “propósito de vida”. El ikigai está en nuestro interior y la exploración requiere de un trabajo profundo y paciente para encontrarlo.

El ikigai se representa como una mandala de cuatro círculos como puedes ver en la figura a continuación:

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¿Quién eres?

Tantos años estudiando para trabajar, pero qué poco aprendí sobre quién era yo. 

Recuerdo como si fuera ayer la siguiente dinámica de coaching que viví como coachee:

“¿Quién eres?” Me pregunta mi coach Marta
“Soy Elsa”. Contesté yo

“¿Quién eres?” Marta me vuelve a preguntar.

Yo sabía que Marta (mi coach) me había escuchado y entonces percibí que esperaba otra respuesta de mi y dije: “Soy Elsa, madre de tres hijos”.

“¿Quién eres?” De nuevo me pregunta Marta mirándome a los ojos.

Esa tercera pregunta empezaba a incomodarme, pero decidí responder lo primero que me vino a la cabeza: “Soy Elsa, madre de tres hijos y soy ingeniera”.

“¿Quién eres?” Me vuelve a preguntar seriamente mirándome a los ojos sin decir palabra.

Ufff esa cuarta pregunta llegó a mi corazón como una lanza, ahora escribiendo la recuerdo y siento aún el dolor que había dentro de mí. Yo me preguntaba ¿Quién soy? ¿pero quién soy? Y, decidí contestar: “Soy una persona que ha luchado toda su vida por llegar a ser alguien, y ahora no se quien soy”.

“¿Quién eres?” Marta pregunta mirándome a los ojos.

Ya con lágrimas en los ojos le contesto: “Una buena persona que tiene sueños e ilusiones por crear un mundo mejor”.

“¿Quién eres?” De nuevo me pregunta Marta con un tono más cálido.

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Soy adolescente, ¿debo saber cuál es mi vocación?

Consideremos por “vocación” lo que Ken Robinson, experto en el desarrollo del potencial humano, considera “El elemento”. Tu vocación o elemento sería aquello que confluye entre lo que te gusta hacer y lo que eres bueno (tus talentos).

¿Por qué es importante conocer tu vocación o elemento? Conocer tu vocación o elemento es vital para comprender quién eres y saber qué puedes hacer con tu vida.

Es la mejor manera de encontrar un trabajo que te satisfaga. La evidencia está en los estudios actuales: más de un 80% de las personas no están satisfechas con su trabajo. ¿Quieres ser uno/a de ellos/as?

Nos encontramos en un entorno VUCA, por sus siglas en inglés, volátil, incierto, complejo y ambiguo. Estamos viviendo en una revolución tecnológica y social, con cambios en los modelos de negocio, cambios en la manera de relacionarnos, y en general en la manera en que vivimos. La Universidad de Oxford estima que el 47% de los trabajos actuales desaparecerán en 20 años.

En este contexto de incertidumbre y cambio constante, la manera de asegurarnos la satisfacción en nuestra vida es desarrollar nuestro elemento, aquello en lo que somos buenos y nos gusta hacer. Esto nos va a permitir poner pasión y esfuerzo por conseguir nuestros objetivos diferenciándonos de los demás, y eso es lo que te llevará al éxito.

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¿Qué personas son felices?

Tal y como se describe en libro “Fluir” de Mihaly Csikszentmihalyi (por cierto, un libro muy recomendable), y tras numerosos estudios de investigación, la felicidad no es el resultado de la buena suerte o el azar, no es algo que se pueda comprar con dinero o con poder. No parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien, de cómo los interpretamos.

Tan pronto tenemos nuestras necesidades satisfechas, nos aparecen nuevas necesidades. Las expectativas en alza, no son el problema mientras disfrutemos con la lucha que debemos realizar durante el camino. El problema se encuentra en la obsesión de las personas por lo que quieren conseguir, que ya no obtienen placer con el presente.

Muchas personas llegan a los cuarenta o cincuenta años dándose cuenta de que, una casa a las afueras, un coche caro etc. no son suficientes para tener satisfacción en la vida y paz mental. Y siguen teniendo la esperanza de que cambiando las condiciones externas de su vida encontrarán la solución a sus problemas. Creen que, si pudiesen ganar más dinero, tener una pareja que les comprendiese más, tener mejor cuerpo o estar en mejor forma física, serían más felices.

La realidad es que la satisfacción y la calidad de vida no depende directamente de lo que los demás piensen de nosotros, o de lo que tengamos materialmente; depende de cómo nos sentimos con nosotros mismos y con lo que nos sucede.

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¿Cómo estás?

Si te pregunto ¿Cómo estás?, ¿qué me contestarías

Probablemente tu respuesta sea bien, bueno, tirando, más o menos, etc. Puedes hacer la prueba si quieres en familia o con tus amigos, verás qué poco lenguaje emocional tenemos.

La mayor parte de nosotros hemos sido educados para ser prácticamente unos ignorantes emocionales.

El otro día estaba cenando con mi pareja y mis hijos en una terracita. Como algunas veces solemos hacer cuando nos sentamos a cenar, nos preguntamos: ¿cómo estás? Nuestra respuestas deben ir más allá del típico bien, etc. debiendo buscar la emoción que sentimos. Mi hija contestó “tranquila”, mi otra hija contestó “satisfecha”, mi pareja contestó “alegre”, y yo no sabía qué contestar.

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Emociones y sentimientos ¿Cuál es la diferencia?

La interpretación que hacemos de las emociones son los sentimientos, que se pueden regular mediante nuestros pensamientos.

Las emociones dirigen nuestro comportamiento, es importante por tanto, reconocerlas, ponerles nombre y aprender a gestionarlas.

En muchas ocasiones se confunden las emociones con los sentimientos, no obstante, emociones y sentimientos distan entre sí.

El sentimiento surge de una expresión procedente del latín “sentire” que significa pensar, opinar o darse cuenta de algo. El concepto de emoción viene del latín “emotĭo”, que significa “movimiento o impulso”

Una emoción es un conjunto de respuestas neuroquímicas y hormonales que de forma inconsciente nos llevan a reaccionar de cierta manera ante un estímulo externo o interno (como por ejemplo algún recuerdo de una escena). 

El sistema límbico del cerebro es quien se encarga de generar esta respuesta en el organismo. Por ejemplo, si una persona asocia el ver un insecto con la picadura del mismo, el sistema límbico le hará experimentar el miedo. Con esta emoción el individuo reaccionará y actuará de una manera inconsciente y espontánea.

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¿En qué consisten las emociones?

El concepto de emoción viene del latín «emotĭo», que significa «movimiento o impulso». Las emociones son reacciones ante un estímulo de carácter puntual y temporal. Es decir, las emociones tienen un estímulo, ya sea interno o externo, que las genera por lo que se consideran las respuestas fisiológicas e inmediatas ante una situación determinada. Estas reacciones vienen dadas por la interpretación que hacemos de la situación, que suele ser tan rápida, que no acabamos de ser conscientes de la misma. La máxima expresión de las emociones se presenta a nivel corporal notando como el cuerpo se enfría o se calienta, se tensa, etc.

Las emociones son un conjunto de respuestas hormonales que nos disponen a la acción. Estas influyen tanto en los procesos cognitivos del ser como en la salud física y mental. Un ejemplo sería la alegría, que favorece la creación de neurotransmisores como la serotonina que benefica el organismo, reforzándolo.

¿Tomas decisiones únicamente basadas en la razón o por el contrario también te impulsan las emociones? La energía de la elección es emocional, este es el desafío de la inteligencia artificial.

Somos seres emocionales tanto como seres racionales. Cuando nacemos somos totalmente emocionales, y vamos adquiriendo habilidades para afrontar la vida de forma racional. Las emociones siguen en nuestra vida, pero la sociedad no nos ha enseñado a reconocerlas, llegando incluso a reprimir nuestras emociones. Nos han educado prácticamente para ser emocionalmente ignorantes, cuando somos por naturaleza seres emocionales.