Carta a mi hija adolescente para acompañarla en el tema del alcohol.

Cariño, entiendo que estás encontrando o pronto podrás encontrarte con nuevas situaciones que requieren que tomes decisiones importantes, como por ejemplo el tema del alcohol. De nada serviría que te dijera que no bebas, porque no entenderías qué quiero realmente transmitirte; y al final, o probablemente acabarías bebiendo y no diciéndomelo, o quizás no beberías por mí, cuando debería ser por ti.

En anteriores generaciones no tuvimos la suerte de tener a nuestro alcance información neurocientífica que nos permitiera conocer los efectos del alcohol en el cerebro en la adolescencia. La mayoría no teníamos más información que las desgracias de los graves accidentes que pueden ocurrir si se bebe; y muchas veces lo achacábamos a la mala suerte.

Y lo que me gustaría informarte es que más allá de la mala suerte o no, hay una explicación neurocientífica que nos indica qué ocurre en el cerebro con el alcohol en la adolescencia y los efectos que puede provocar en él para tu vida.

Déjame que te muestre este libro: El cerebro adolescente – Frances E. Jensen,  y este vídeo de la Universidad de Navarra sobre el cerebro adolescente: https://www.youtube.com/watch?v=DAOdnS39HiQ.)

Esta información me ha hecho comprender muchas cosas en lo que respecta en general al acompañamiento a un hij@ adolescente. Y quiero empezar por pedirte disculpas, ahora estoy más capacitada para comprender tu comportamiento y tener más paciencia. Ahora sé que te puedo acompañar mejor, y me siento feliz por ello. 

    • Parte prefontal del cerebro de un adolescente

Tu cerebro está en construcción y como tal, la parte prefontal, la parte de analizar riesgos, de planificar, de pensar con claridad y tomar decisiones, etc. que no acaba su proceso madurativo hasta más allá de los 21 años. Que esté en construcción implica que el cableado, las conexiones neuronales hacia esta parte prefontal, a veces funciona y otras no. Por lo que según esta información neurocientífica unas veces tu cerebro está preparado para ser responsable y otras no, y no era justo que yo esperara de ti que siempre pudieras ser responsable, lo siento cariño. 

Que esta parte del cerebro tan importante para analizar los riesgos esté en construcción, implica que si algún día decides beber alcohol y pierdes el control bebiendo, tu vida va a depender de tus compañer@s que estarán en la misma etapa madurativa cerebral que tú.

Y no porque no sean buen@s compañer@s, si no porque simplemente tampoco tienen esta parte prefrontal del cerebro madura, probablemente no estén capacitados para tomar las mejores decisiones sobre tu salud. Lo que puede implicar que el miedo a la bronca de los padres/madres impida que se tomen medidas urgentes para salvaguardar tu vida.

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Cuando tu hijo de 6 años te pide que le ayudes a mejorar el mundo

Si eres padre o madre y piensas que para ser padre o madre no hay que formarse, si piensas que ya está bien lo que haces y que poco o nada necesitas aprender para educar y acompañar mejor a tus hij@s, te pido, por favor, en nombre de mi hijo Arnau de 6 años, que leas este artículo. 

Hace unas semanas estaba haciendo un trabajo con el programa “canva”. Un programa de diseño de presentaciones, de publicaciones en redes sociales, etc. que si no conoces te recomiendo por ser muy fácil, creativo e intuitivo. En este programa cada vez que descargas tu trabajo aparece una frase inspiradora que suelo leerme con atención.

Tenía a mi hijo Arnau de 6 años encima de mí, suele gustarle ayudarme con mis trabajos creativos.  Esta vez, haciéndole partícipe de mi proceso de trabajo, leí la frase inspiradora en voz alta: “Sólo los locos que creen poder cambiar el mundo son los que lo consiguen”. Steve Jobs.

Me quedé pensativa, se hizo por un momento el silencio, observé a Arnau que estaba en mis brazos, miré su cara, me estaba mirando sin decir nada, estaba igual que yo, observando en el silencio. Cuando finalmente le dije: “Pues yo cariño, debo estar loca, porque quiero cambiar el mundo a mejor”. Y le pregunté: “¿a ti te gustaría cambiar el mundo a mejor? Me contestó: “Yo sí quiero cambiar el mundo a mejor” y siguiendo la conversación le pregunté: ¿qué crees que se necesita para hacer un mundo mejor?

Ese instante se volvió mágico, se convirtió en uno de aquellos momentos grabados en el corazón, de aquellos que sabes que el día que desaparezcas de este mundo formará parte de tus pensamientos, y de aquellos que te hacen luchar por lo que cada día luchas.

Arnau, mi hijo de 6 años recién cumplidos, contestó: “enseñar a los padres como deben enseñar a sus hijos”. No he cambiado ni una sola palabra de lo que dijo, tal cual fue su respuesta: “enseñar a los padres como deben enseñar a sus hijos”. Arnau intuyó que yo quería saber más, y acto seguido me dijo: “Mami, cuando yo hago algo mal tu me lo enseñas pero no me haces sentir mal, y yo aprendo y no me siento mal, me siento bien”.

No se expresar lo que sentí, fue una mezcla entre esperanza y dolor. Esperanza porque sabes que parte de lo que es tu misión de vida tiene sentido, aprender a educar y acompañar a mis hij@s, y transmitir lo aprendido por si puede servir a otras personas. Y dolor por oír como un niño de 6 años, lejos de lo que podemos pensar, valora la importancia de cómo los padres enseñan (en su vocabulario), educan y acompañan (en el mío 😊 ) a sus hij@s.

Quiero ser la voz de mi hijo, quiero alzar la voz bien alta en su nombre, y por ello me he decido a escribir este artículo.

Padre o madre que piensas que para educar y acompañar a tus hij@s no hay que formarse, ojalá hayas llegado hasta aquí y te apetezca seguir leyendo, ojalá pueda sembrar una semilla en ti, una semilla que algún día por ti mismo/a hagas florecer, por el bien de tus hij@s, por un mundo mejor. Hacer florecer esa semilla no será un camino fácil, tendrás que salir de tu zona de confort, descubrirás cosas de ti que te dolerán, pero esa valentía será tu poder, un poder que te permitirá acompañar a tus hij@s para que sean la mejor versión de si mism@s, así sin más, la mejor versión de si mism@s.

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¿Haces preguntas para tus hij@s o para tí?

¿Te has parado a pensar cómo le haces las preguntas a tu hij@ adolescente? Esta fue mi reflexión cuando me adentré en el mundo del coaching. El coaching es una herramienta que permite la reflexión y la toma de decisiones desde nuestro ser. Utiliza una metodología basada en preguntas poderosas, preguntas realizadas con una estructura determinada que nos lleva al análisis y la búsqueda de respuesta en nuestro interior.

El coaching me enseñó a saber preguntar, a saber por qué hacía las preguntas, pero sobretodo, para quién hacía las preguntas. Y es por ello que me di cuenta que cuando preguntaba a mi hija Ariadna de 14 años (en la foto conmigo :)) lo hacía para mí, preguntaba para saber yo y poder ayudar a mi hija a saber lo que está bien o lo que está mal para su vida. Hasta que el coaching me enseñó que la mejor ayuda que puedo dar a mi hija es que ella misma por sí sola, con su reflexión y respuesta en su interior, se de cuenta de lo que merece en la vida y los riesgos o beneficios que puede tener según qué decisiones tome.

“Prepárate para hacer preguntas para tus hij@s y descubrirás el empoderamiento en su desarrollo personal”

Así es que cambié mi manera de hacerle preguntas y de comunicarme con ella, dejé de un lado mi mapa mental y me dediqué a hacerle preguntas para ella, para que ella sepa llegar a tomar sus propias decisiones sabiendo los riesgos o beneficios que le pueden conllevar, siendo sus propios consejos para ella los que más fuerza tengan.

Es sorprendente el poder que les damos a nuestros hijos cuando preguntamos para ellos. Es sorprendente el impacto que generamos en ellos cuando ellos mismos son los que se aconsejan o se dan sus propias respuestas, cuando sale de su interior. A veces con determinadas preguntas que le lleven a la reflexión quizás no nos contesten, pero la semilla estará plantada, la reflexión habrá comenzado, y esa reflexión será para ellos no para nosotros.

En la edad adolescente es bastante habitual que nuestros hijos no consideren o interioricen nuestros consejos; consejos que habitualmente van en una dirección contraria a lo que ellos necesitan… ellos necesitan volar y nosotros necesitamos protegerles… y difícilmente así conseguimos conectar con ellos o ayudarles.

Piensa en esto que estás leyendo y prepárate para empezar a hacer preguntas para ellos y no para ti.

Algunos ejemplos:

(i) Tu hija está empezando a salir con un chico que crees que puede hacerle daño o llevarla por mal camino. ¿Qué harías?

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La importancia del cerebro emocional en nuestr@s hij@s

 

El cerebro de tu hijo/a desde bebé  cuenta ya con prácticamente la totalidad de las neuronas que tendrá cuando sea mayor. La principal diferencia entre el cerebro de tus hijos y el tuyo es que el tuyo ya ha desarrollado trillones de conexiones (sinpasis) entre las neuronas gracias al aprendizaje de su experiencia en la vida.

En el cerebro de tu hijo o hija el cerebro reptiliano y emocional (situados en la zona inferior del cerebro) son los que llevan la voz cantante, mientras que en el tuyo también  interviene el cerebro racional, situado en la zona superior del cerebro,  zona del cerebro que tarda más en madurar.

El cerebro está formado por cuatro partes, diferenciando entre la zona superior y la zona inferior.  La zona superior es un cerebro más evolucionado y nos proporciona una perspectiva más amplia de las vida. En esta zona se desarrollan los pensamientos, la imaginación y la planificación. El cerebro de la zona inferior se ocupa de funciones básicas (como la respiración y el parpadeo), de reacciones innatas e impulsos (como la lucha o la huida), y de las emociones básicas (como el miedo y la ira).  Es la zona del cerebro más primitiva, que no tiene en cuenta los sentimientos ajenos.

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¿Cómo estás?

Si te pregunto ¿Cómo estás?, ¿qué me contestarías

Probablemente tu respuesta sea bien, bueno, tirando, más o menos, etc. Puedes hacer la prueba si quieres en familia o con tus amigos, verás qué poco lenguaje emocional tenemos.

La mayor parte de nosotros hemos sido educados para ser prácticamente unos ignorantes emocionales.

El otro día estaba cenando con mi pareja y mis hijos en una terracita. Como algunas veces solemos hacer cuando nos sentamos a cenar, nos preguntamos: ¿cómo estás? Nuestra respuestas deben ir más allá del típico bien, etc. debiendo buscar la emoción que sentimos. Mi hija contestó “tranquila”, mi otra hija contestó “satisfecha”, mi pareja contestó “alegre”, y yo no sabía qué contestar.

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