¿Cuál es tu propuesta de valor? Así descubrí mi ikigai, mi propósito, mi propuesta de valor.

Recuerdo y recordaré toda mi vida un ejercicio de desarrollo personal que me dispuse a hacer hace años, en el que preguntaban: ¿qué sabes hacer?

Y de corazón me da vergüenza deciros lo que contesté, son cosas muy íntimas y privadas que cuestan de explicar, pero creo que los ejemplos de las historias de las personas pueden ayudar a otras personas, y así es como me dispongo a escribir cada artículo que hago, con la intención de ayudar, o poder inspirar, aunque sólo sea a una persona. Contesté: ”jugar a baloncesto”; sabía las reglas del baloncesto, había aprendido a defender, a botar bien la pelota, a tirar a canasta, etc. sentía que sabía lo que hacía en el baloncesto. Pero por más que intentaba encontrar otra respuesta no la encontraba. Recordaba que mi familia decía que se me daba bien pintar, pero tampoco estaba muy convencida. Aquel día sentí dolor y tristeza, porque no era capaz de responder otra cosa. Había estudiado una carrera de Ingeniería pero no sabía identificar si había aprendido algo o qué es lo que había aprendido en la carrera, ni tan sólo en mi trabajo.

Me gusta y me gustaba ver las charlas TED Talk, seguramente las conocéis, estas charlas se basan en storytellings en muchos casos de la experiencia de vida de las personas. Sentía gran admiración por estas personas que habían conseguido extraer una información útil de su experiencia de vida. Y yo me preguntaba… ¿si tuviera que hacer una TED Talk, qué diría? Y no me surgía nada, nada. Qué sensación de vacío llegué a sentir.

Así, entre otras circunstancias de mi vida, es como me di cuenta que había estado todos estos años con el piloto automático, sin pararme a pensar quién era yo, qué se me daba bien hacer, cuál era mi propuesta de valor a la sociedad o al mundo. Y empecé a trabajar mi autonocimiento.

De esta manera llegó a mí el libro del “Ikigai, los secretos de Japón para una vida larga y feliz” de Héctor García y Frances Miralles. Me encantó este concepto, me encantó saber que cada uno de nosotros tiene una “razón ser”, yo lo traduzco a una propuesta de valor a la sociedad o al mundo.

Sentí que tenía que probar a encontrarlo, no me iba a obsesionar, sabía que sólo el proceso de buscarlo podría enriquecerme como persona. Así que me dispuse a ello. Hacerlo no es un proceso sencillo y requiere de mucha paciencia y tiempo de exploración en una misma, pero ¿sabéis qué? Con este proceso me sentí viva, sentí que me estaba escuchando a mi misma por primera vez, sentí que me estaba queriendo haciendo lo que hacía. No pensaba en el resultado, porque tampoco estaba segura de si iba a ser capaz de encontrar mi ikigai, disfrutaba del proceso. Y sí, encontré mi ikigai, pero si te dispones a intentarlo, por favor, disfruta del proceso de autoconocimiento, de autodescubrimiento, ya con eso sentirás que te estás queriendo y te ayudará a marcar un antes y un después, sin duda para mejorar tu satisfacción y motivación en la vida.

¿Cómo fue el proceso de búsqueda de mi ikigai?

Me han pedido varias personas que describa cómo llevé a cabo este proceso por si sirve como ayuda. Así que con vergüenza pero ilusión de poder inspirar o ayudar a otras personas, describo mi proceso de realización de la dinámica del ikigai.

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Carta a mi hija adolescente para acompañarla en el tema del alcohol.

Cariño, entiendo que estás encontrando o pronto podrás encontrarte con nuevas situaciones que requieren que tomes decisiones importantes, como por ejemplo el tema del alcohol. De nada serviría que te dijera que no bebas, porque no entenderías qué quiero realmente transmitirte; y al final, o probablemente acabarías bebiendo y no diciéndomelo, o quizás no beberías por mí, cuando debería ser por ti.

En anteriores generaciones no tuvimos la suerte de tener a nuestro alcance información neurocientífica que nos permitiera conocer los efectos del alcohol en el cerebro en la adolescencia. La mayoría no teníamos más información que las desgracias de los graves accidentes que pueden ocurrir si se bebe; y muchas veces lo achacábamos a la mala suerte.

Y lo que me gustaría informarte es que más allá de la mala suerte o no, hay una explicación neurocientífica que nos indica qué ocurre en el cerebro con el alcohol en la adolescencia y los efectos que puede provocar en él para tu vida.

Déjame que te muestre este libro: El cerebro adolescente – Frances E. Jensen,  y este vídeo de la Universidad de Navarra sobre el cerebro adolescente: https://www.youtube.com/watch?v=DAOdnS39HiQ.)

Esta información me ha hecho comprender muchas cosas en lo que respecta en general al acompañamiento a un hij@ adolescente. Y quiero empezar por pedirte disculpas, ahora estoy más capacitada para comprender tu comportamiento y tener más paciencia. Ahora sé que te puedo acompañar mejor, y me siento feliz por ello. 

    • Parte prefontal del cerebro de un adolescente

Tu cerebro está en construcción y como tal, la parte prefontal, la parte de analizar riesgos, de planificar, de pensar con claridad y tomar decisiones, etc. que no acaba su proceso madurativo hasta más allá de los 21 años. Que esté en construcción implica que el cableado, las conexiones neuronales hacia esta parte prefontal, a veces funciona y otras no. Por lo que según esta información neurocientífica unas veces tu cerebro está preparado para ser responsable y otras no, y no era justo que yo esperara de ti que siempre pudieras ser responsable, lo siento cariño. 

Que esta parte del cerebro tan importante para analizar los riesgos esté en construcción, implica que si algún día decides beber alcohol y pierdes el control bebiendo, tu vida va a depender de tus compañer@s que estarán en la misma etapa madurativa cerebral que tú.

Y no porque no sean buen@s compañer@s, si no porque simplemente tampoco tienen esta parte prefrontal del cerebro madura, probablemente no estén capacitados para tomar las mejores decisiones sobre tu salud. Lo que puede implicar que el miedo a la bronca de los padres/madres impida que se tomen medidas urgentes para salvaguardar tu vida.

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Cuando tu hijo de 6 años te pide que le ayudes a mejorar el mundo

Si eres padre o madre y piensas que para ser padre o madre no hay que formarse, si piensas que ya está bien lo que haces y que poco o nada necesitas aprender para educar y acompañar mejor a tus hij@s, te pido, por favor, en nombre de mi hijo Arnau de 6 años, que leas este artículo. 

Hace unas semanas estaba haciendo un trabajo con el programa “canva”. Un programa de diseño de presentaciones, de publicaciones en redes sociales, etc. que si no conoces te recomiendo por ser muy fácil, creativo e intuitivo. En este programa cada vez que descargas tu trabajo aparece una frase inspiradora que suelo leerme con atención.

Tenía a mi hijo Arnau de 6 años encima de mí, suele gustarle ayudarme con mis trabajos creativos.  Esta vez, haciéndole partícipe de mi proceso de trabajo, leí la frase inspiradora en voz alta: “Sólo los locos que creen poder cambiar el mundo son los que lo consiguen”. Steve Jobs.

Me quedé pensativa, se hizo por un momento el silencio, observé a Arnau que estaba en mis brazos, miré su cara, me estaba mirando sin decir nada, estaba igual que yo, observando en el silencio. Cuando finalmente le dije: “Pues yo cariño, debo estar loca, porque quiero cambiar el mundo a mejor”. Y le pregunté: “¿a ti te gustaría cambiar el mundo a mejor? Me contestó: “Yo sí quiero cambiar el mundo a mejor” y siguiendo la conversación le pregunté: ¿qué crees que se necesita para hacer un mundo mejor?

Ese instante se volvió mágico, se convirtió en uno de aquellos momentos grabados en el corazón, de aquellos que sabes que el día que desaparezcas de este mundo formará parte de tus pensamientos, y de aquellos que te hacen luchar por lo que cada día luchas.

Arnau, mi hijo de 6 años recién cumplidos, contestó: “enseñar a los padres como deben enseñar a sus hijos”. No he cambiado ni una sola palabra de lo que dijo, tal cual fue su respuesta: “enseñar a los padres como deben enseñar a sus hijos”. Arnau intuyó que yo quería saber más, y acto seguido me dijo: “Mami, cuando yo hago algo mal tu me lo enseñas pero no me haces sentir mal, y yo aprendo y no me siento mal, me siento bien”.

No se expresar lo que sentí, fue una mezcla entre esperanza y dolor. Esperanza porque sabes que parte de lo que es tu misión de vida tiene sentido, aprender a educar y acompañar a mis hij@s, y transmitir lo aprendido por si puede servir a otras personas. Y dolor por oír como un niño de 6 años, lejos de lo que podemos pensar, valora la importancia de cómo los padres enseñan (en su vocabulario), educan y acompañan (en el mío 😊 ) a sus hij@s.

Quiero ser la voz de mi hijo, quiero alzar la voz bien alta en su nombre, y por ello me he decido a escribir este artículo.

Padre o madre que piensas que para educar y acompañar a tus hij@s no hay que formarse, ojalá hayas llegado hasta aquí y te apetezca seguir leyendo, ojalá pueda sembrar una semilla en ti, una semilla que algún día por ti mismo/a hagas florecer, por el bien de tus hij@s, por un mundo mejor. Hacer florecer esa semilla no será un camino fácil, tendrás que salir de tu zona de confort, descubrirás cosas de ti que te dolerán, pero esa valentía será tu poder, un poder que te permitirá acompañar a tus hij@s para que sean la mejor versión de si mism@s, así sin más, la mejor versión de si mism@s.

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¿Qué ocurre cuando amamos demasiado?

¿Qué sientes al leer este título?

Si sientes curiosidad e incluso puede que llegues a sentir cierto dolor o tristeza, te entiendo. Así me sentí hace unos cuantos años cuando llegó a mí el libro de Robin Norwood: “Las Mujeres que aman demasiado”. Habla de mujeres, pero no creo que sea cuestión de género, ni tampoco de edad, simplemente ocurre, sufrimos cuando amamos demasiado. 

Cuando estar enamorado/a significa sufrir, es que estamos amando demasiado. Cuando esta persona ocupa en tus pensamientos la mayor parte del tiempo, es que estamos amando demasiado. Cuando nuestro objetivo es que él o ella quiera estar con nosotros/as, es que estamos amando demasiado. Cuando sentimos que él o ella controla nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta, es que estamos amando demasiado. Cuando comprendemos que esta conducta tiene una influencia negativa para nuestra salud y bienestar, pero nos cuesta librarnos de ella, es que estamos amando demasiado. 

Si te has sentido identificado/a hasta aquí, quiero ayudarte o inspirarte con mi propia experiencia vivida.  Resumo drásticamente la solución: aprender a quererte a ti mismo/a. 

Sé que es doloroso oir esta afirmación drástica, de hecho, me leo y me entran ganas de llorar por los recuerdos vividos. Porque ¿sabes qué?  Yo pensaba que me quería a mí misma lo suficiente hasta que supe lo que era quererse realmente a uno mismo/a. 

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¿Haces preguntas para tus hij@s o para tí?

¿Te has parado a pensar cómo le haces las preguntas a tu hij@ adolescente? Esta fue mi reflexión cuando me adentré en el mundo del coaching. El coaching es una herramienta que permite la reflexión y la toma de decisiones desde nuestro ser. Utiliza una metodología basada en preguntas poderosas, preguntas realizadas con una estructura determinada que nos lleva al análisis y la búsqueda de respuesta en nuestro interior.

El coaching me enseñó a saber preguntar, a saber por qué hacía las preguntas, pero sobretodo, para quién hacía las preguntas. Y es por ello que me di cuenta que cuando preguntaba a mi hija Ariadna de 14 años (en la foto conmigo :)) lo hacía para mí, preguntaba para saber yo y poder ayudar a mi hija a saber lo que está bien o lo que está mal para su vida. Hasta que el coaching me enseñó que la mejor ayuda que puedo dar a mi hija es que ella misma por sí sola, con su reflexión y respuesta en su interior, se de cuenta de lo que merece en la vida y los riesgos o beneficios que puede tener según qué decisiones tome.

“Prepárate para hacer preguntas para tus hij@s y descubrirás el empoderamiento en su desarrollo personal”

Así es que cambié mi manera de hacerle preguntas y de comunicarme con ella, dejé de un lado mi mapa mental y me dediqué a hacerle preguntas para ella, para que ella sepa llegar a tomar sus propias decisiones sabiendo los riesgos o beneficios que le pueden conllevar, siendo sus propios consejos para ella los que más fuerza tengan.

Es sorprendente el poder que les damos a nuestros hijos cuando preguntamos para ellos. Es sorprendente el impacto que generamos en ellos cuando ellos mismos son los que se aconsejan o se dan sus propias respuestas, cuando sale de su interior. A veces con determinadas preguntas que le lleven a la reflexión quizás no nos contesten, pero la semilla estará plantada, la reflexión habrá comenzado, y esa reflexión será para ellos no para nosotros.

En la edad adolescente es bastante habitual que nuestros hijos no consideren o interioricen nuestros consejos; consejos que habitualmente van en una dirección contraria a lo que ellos necesitan… ellos necesitan volar y nosotros necesitamos protegerles… y difícilmente así conseguimos conectar con ellos o ayudarles.

Piensa en esto que estás leyendo y prepárate para empezar a hacer preguntas para ellos y no para ti.

Algunos ejemplos:

(i) Tu hija está empezando a salir con un chico que crees que puede hacerle daño o llevarla por mal camino. ¿Qué harías?

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La importancia del cerebro emocional en nuestr@s hij@s

 

El cerebro de tu hijo/a desde bebé  cuenta ya con prácticamente la totalidad de las neuronas que tendrá cuando sea mayor. La principal diferencia entre el cerebro de tus hijos y el tuyo es que el tuyo ya ha desarrollado trillones de conexiones (sinpasis) entre las neuronas gracias al aprendizaje de su experiencia en la vida.

En el cerebro de tu hijo o hija el cerebro reptiliano y emocional (situados en la zona inferior del cerebro) son los que llevan la voz cantante, mientras que en el tuyo también  interviene el cerebro racional, situado en la zona superior del cerebro,  zona del cerebro que tarda más en madurar.

El cerebro está formado por cuatro partes, diferenciando entre la zona superior y la zona inferior.  La zona superior es un cerebro más evolucionado y nos proporciona una perspectiva más amplia de las vida. En esta zona se desarrollan los pensamientos, la imaginación y la planificación. El cerebro de la zona inferior se ocupa de funciones básicas (como la respiración y el parpadeo), de reacciones innatas e impulsos (como la lucha o la huida), y de las emociones básicas (como el miedo y la ira).  Es la zona del cerebro más primitiva, que no tiene en cuenta los sentimientos ajenos.

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¿Cómo están cambiando los organigramas de las empresas y cómo ello implica que trabajemos nuestro autoconocimiento?

La estructura organizativa más conocida hasta la actualidad ha sido la estructura jerárquica vertical.  Esta estructura jerárquica, de forma piramidal, está marcada por la autoridad, recayendo la responsabilidad y las decisiones especialmente en la parte alta de la pirámide. 

Aunque ha sido una estructura que han adaptado todo tipo de empresas, tanto de producción como de servicios,  la estructura jerárquica está pensada para trabajos con procesos claros y repetitivos, con entornos estables. Se caracteriza por ser una estructura productiva y eficiente en trabajos que no requieren innovar ni crear, si no únicamente producir. Este sería el caso, por ejemplo, de las cadenas de producción industriales.

Pero, ¿qué está ocurriendo en la actualidad que es necesario que sepas?

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“Equivocándome sin parar desde 1999”.

Mi carrera profesional ha sido, hasta no hace mucho tiempo, una sucesión de decisiones equivocadas. Una detrás de otra. Podría hasta ponerle un slogan “equivocándome sin parar desde 1999”. También he tenido aciertos y alegrías, pero mi trabajo siempre ha estado en un segundo (o tercer o cuarto…) plano en el conjunto de mi vida.

De hecho este es el primer y principal error que cometí. Y este error es el que desencadenó todos los demás:  no debí haber separado el trabajo de mi vida.

Me explico.

Hace unos cinco años descubrí el Coaching. Me encontraba perdido a nivel profesional. Sabía lo que no quería (continuar haciendo lo mismo) pero no lo que quería.

El Coaching me ayudó a tener una visión sistémica de mi vida. En aquel proceso no hablamos sólo de trabajo. Hablamos de valores, de intereses, de placer, de aficiones, de mi familia, de mis amigos, de miedos, de alegrías. También hablamos de trabajo por supuesto, pero de una forma que no conocía. Mirando en mi interior y teniendo en cuenta no sólo capacidades, salarios o salidas, sino otras muchas cosas que, hasta el momento, yo pensaba que nada tenían que ver con el trabajo.

Ahora sé que seguramente nada de lo que haga a nivel profesional va a funcionar bien a largo plazo si no está alineado con el resto de mi vida. Básicamente con tres aspectos: mis valores, mis talentos y mis emociones.

Comúnmente siempre se ha tendido a catalogar ciertas profesiones como “vocacionales” (médicas o enfermeros, policías o militares, bomberos, políticas, maestros, etc), pero ¿y si resulta que todas las profesiones lo son?.

Si tu trabajo está alineado con tus valores y talentos, tu trabajo será una pieza que complementará perfectamente con el resto de aspectos de tu vida.

Si yo hubiese trabajado el autoconocimiento, o me hubiese puesto en manos de un coach cuando era adolescente, probablemente mi camino hubiese sido más placentero.

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Ikigai, una simple palabra… y qué gran significado puede dar a tu vida

Recuerdo aquel día hace años en la estación de tren, en uno de esos viajes que mi trabajo me llevaba a hacer. Solía entrar en los quioscos de la estación para observar los libros, y muchas veces acababa comprando uno.

Un día entré en una tienda de cosas y ropa pensadas para gente viajera. Observé que había una sección de libros y me fui directamente para allí. Me llamó especialmente la atención el título: “ikigai, los secretos de japón para una vida larga y feliz”.

Ikigai, esa palabra que desconocía, para empezar, me sonaba bonita e intrigante. Así que decidí comprar el libro.

Está basado en encontrar las razones por las cuáles la isla de Okinawa, en Japón, tiene de las mayores longevidad y felicidad del mundo. Además de la alimentación, la vida sencilla al aire libre, etc. una de las claves parece ser el ikigai que rige su vida.

Según los japoneses todas las personas tenemos nuestro ikigai, lo que algunos filósofos traducen como nuestra “razón de ser”, o “propósito de vida”. El ikigai está en nuestro interior y la exploración requiere de un trabajo profundo y paciente para encontrarlo.

El ikigai se representa como una mandala de cuatro círculos como puedes ver en la figura a continuación:

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¿Quién eres?

Tantos años estudiando para trabajar, pero qué poco aprendí sobre quién era yo. 

Recuerdo como si fuera ayer la siguiente dinámica de coaching que viví como coachee:

“¿Quién eres?” Me pregunta mi coach Marta
“Soy Elsa”. Contesté yo

“¿Quién eres?” Marta me vuelve a preguntar.

Yo sabía que Marta (mi coach) me había escuchado y entonces percibí que esperaba otra respuesta de mi y dije: “Soy Elsa, madre de tres hijos”.

“¿Quién eres?” De nuevo me pregunta Marta mirándome a los ojos.

Esa tercera pregunta empezaba a incomodarme, pero decidí responder lo primero que me vino a la cabeza: “Soy Elsa, madre de tres hijos y soy ingeniera”.

“¿Quién eres?” Me vuelve a preguntar seriamente mirándome a los ojos sin decir palabra.

Ufff esa cuarta pregunta llegó a mi corazón como una lanza, ahora escribiendo la recuerdo y siento aún el dolor que había dentro de mí. Yo me preguntaba ¿Quién soy? ¿pero quién soy? Y, decidí contestar: “Soy una persona que ha luchado toda su vida por llegar a ser alguien, y ahora no se quien soy”.

“¿Quién eres?” Marta pregunta mirándome a los ojos.

Ya con lágrimas en los ojos le contesto: “Una buena persona que tiene sueños e ilusiones por crear un mundo mejor”.

“¿Quién eres?” De nuevo me pregunta Marta con un tono más cálido.

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Soy adolescente, ¿debo saber cuál es mi vocación?

Consideremos por “vocación” lo que Ken Robinson, experto en el desarrollo del potencial humano, considera “El elemento”. Tu vocación o elemento sería aquello que confluye entre lo que te gusta hacer y lo que eres bueno (tus talentos).

¿Por qué es importante conocer tu vocación o elemento? Conocer tu vocación o elemento es vital para comprender quién eres y saber qué puedes hacer con tu vida.

Es la mejor manera de encontrar un trabajo que te satisfaga. La evidencia está en los estudios actuales: más de un 80% de las personas no están satisfechas con su trabajo. ¿Quieres ser uno/a de ellos/as?

Nos encontramos en un entorno VUCA, por sus siglas en inglés, volátil, incierto, complejo y ambiguo. Estamos viviendo en una revolución tecnológica y social, con cambios en los modelos de negocio, cambios en la manera de relacionarnos, y en general en la manera en que vivimos. La Universidad de Oxford estima que el 47% de los trabajos actuales desaparecerán en 20 años.

En este contexto de incertidumbre y cambio constante, la manera de asegurarnos la satisfacción en nuestra vida es desarrollar nuestro elemento, aquello en lo que somos buenos y nos gusta hacer. Esto nos va a permitir poner pasión y esfuerzo por conseguir nuestros objetivos diferenciándonos de los demás, y eso es lo que te llevará al éxito.

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¿Qué personas son felices?

Tal y como se describe en libro “Fluir” de Mihaly Csikszentmihalyi (por cierto, un libro muy recomendable), y tras numerosos estudios de investigación, la felicidad no es el resultado de la buena suerte o el azar, no es algo que se pueda comprar con dinero o con poder. No parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien, de cómo los interpretamos.

Tan pronto tenemos nuestras necesidades satisfechas, nos aparecen nuevas necesidades. Las expectativas en alza, no son el problema mientras disfrutemos con la lucha que debemos realizar durante el camino. El problema se encuentra en la obsesión de las personas por lo que quieren conseguir, que ya no obtienen placer con el presente.

Muchas personas llegan a los cuarenta o cincuenta años dándose cuenta de que, una casa a las afueras, un coche caro etc. no son suficientes para tener satisfacción en la vida y paz mental. Y siguen teniendo la esperanza de que cambiando las condiciones externas de su vida encontrarán la solución a sus problemas. Creen que, si pudiesen ganar más dinero, tener una pareja que les comprendiese más, tener mejor cuerpo o estar en mejor forma física, serían más felices.

La realidad es que la satisfacción y la calidad de vida no depende directamente de lo que los demás piensen de nosotros, o de lo que tengamos materialmente; depende de cómo nos sentimos con nosotros mismos y con lo que nos sucede.

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¿Cómo estás?

Si te pregunto ¿Cómo estás?, ¿qué me contestarías

Probablemente tu respuesta sea bien, bueno, tirando, más o menos, etc. Puedes hacer la prueba si quieres en familia o con tus amigos, verás qué poco lenguaje emocional tenemos.

La mayor parte de nosotros hemos sido educados para ser prácticamente unos ignorantes emocionales.

El otro día estaba cenando con mi pareja y mis hijos en una terracita. Como algunas veces solemos hacer cuando nos sentamos a cenar, nos preguntamos: ¿cómo estás? Nuestra respuestas deben ir más allá del típico bien, etc. debiendo buscar la emoción que sentimos. Mi hija contestó “tranquila”, mi otra hija contestó “satisfecha”, mi pareja contestó “alegre”, y yo no sabía qué contestar.

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Emociones y sentimientos ¿Cuál es la diferencia?

La interpretación que hacemos de las emociones son los sentimientos, que se pueden regular mediante nuestros pensamientos.

Las emociones dirigen nuestro comportamiento, es importante por tanto, reconocerlas, ponerles nombre y aprender a gestionarlas.

En muchas ocasiones se confunden las emociones con los sentimientos, no obstante, emociones y sentimientos distan entre sí.

El sentimiento surge de una expresión procedente del latín “sentire” que significa pensar, opinar o darse cuenta de algo. El concepto de emoción viene del latín “emotĭo”, que significa “movimiento o impulso”

Una emoción es un conjunto de respuestas neuroquímicas y hormonales que de forma inconsciente nos llevan a reaccionar de cierta manera ante un estímulo externo o interno (como por ejemplo algún recuerdo de una escena). 

El sistema límbico del cerebro es quien se encarga de generar esta respuesta en el organismo. Por ejemplo, si una persona asocia el ver un insecto con la picadura del mismo, el sistema límbico le hará experimentar el miedo. Con esta emoción el individuo reaccionará y actuará de una manera inconsciente y espontánea.

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¿En qué consisten las emociones?

El concepto de emoción viene del latín «emotĭo», que significa «movimiento o impulso». Las emociones son reacciones ante un estímulo de carácter puntual y temporal. Es decir, las emociones tienen un estímulo, ya sea interno o externo, que las genera por lo que se consideran las respuestas fisiológicas e inmediatas ante una situación determinada. Estas reacciones vienen dadas por la interpretación que hacemos de la situación, que suele ser tan rápida, que no acabamos de ser conscientes de la misma. La máxima expresión de las emociones se presenta a nivel corporal notando como el cuerpo se enfría o se calienta, se tensa, etc.

Las emociones son un conjunto de respuestas hormonales que nos disponen a la acción. Estas influyen tanto en los procesos cognitivos del ser como en la salud física y mental. Un ejemplo sería la alegría, que favorece la creación de neurotransmisores como la serotonina que benefica el organismo, reforzándolo.

¿Tomas decisiones únicamente basadas en la razón o por el contrario también te impulsan las emociones? La energía de la elección es emocional, este es el desafío de la inteligencia artificial.

Somos seres emocionales tanto como seres racionales. Cuando nacemos somos totalmente emocionales, y vamos adquiriendo habilidades para afrontar la vida de forma racional. Las emociones siguen en nuestra vida, pero la sociedad no nos ha enseñado a reconocerlas, llegando incluso a reprimir nuestras emociones. Nos han educado prácticamente para ser emocionalmente ignorantes, cuando somos por naturaleza seres emocionales.